Bueno esto es un regalo que he hecho a mi pareja (MsSakurai) y bueno dije que lo haría para el mes... pero, prefiero hacerlo ahora que tengo la idea en la cabeza y cuando la tengo... no se va.
( Aquí más ) Día de Invierno
Las lluvias torrenciales era lo habitual en esta época, el frío que calaba los huesos a pesar de ir abrigado de cabeza a los pies, y sin embargo nunca me importó. Cuando se caían las hojas de los árboles ya era feliz, sabía que venía mi estación favorita. Deseaba que comenzara a nevar, que todo quedara cubierto por un espeso manto blanco y poder disfrutar como un crío de aquello. Sin duda, a pesar de mi edad, yo no crecía. Me avergüenza reconocerlo, pero en parte creo que todos aquellos que me conocen asentirán cada una de estas pasadas líneas.
Ese día no tenía nada de especial, salvo las salvajes ráfagas de viento. Mi mujer cuidaba a nuestros hijos en casa, yo me sentía aprisionado cuando la naturaleza me llamaba. Me sentía gato atrapado en las cuatro paredes de una jaula. Estaba sentado en el salón frente a una de las ventanas, los relámpagos estallaban con los truenos casi al unísono y los niños estaban tan aterrados como mis mascotas. Yo simplemente disfrutaba. Una sonrisa se dibujaba en mis labios y la impaciencia se marcaba al ritmo de los movimientos de mis dedos. Quería sentir ese invierno, esas lluvias y ese viento helado.
Me levanté de improviso agarrando las llaves, el abrigo y mi pitillera. Mi mujer me miró extrañada con la pequeña en sus brazos, la mecía de un lado a otro sin saber como calmarla. El niño simplemente se aferraba a su peluche de felpa con los ojos fijos en mis movimientos.
-¿Dónde vas?-preguntó cuando fui agarraba ya el pomo con mi mano.-Hace mal tiempo, no es bueno que hagas locuras.-me habló como si fuera mi madre, sonreí levemente al recordar de ella las mismas palabras. Siempre me cuidaba como si fuera uno de nuestros hijos, no veía que yo sabía cuidarme por mi mismo. Quizás era eso lo que estaba matando nuestra relación, buscaba una madre y no una esposa.
-Necesito salir.-dije secamente aunque terminé con una sonrisa nerviosa. Estaba impaciente, quería sentir el agua helada sobre mi rostro y lo quería sentir ya.
-Si necesitas algo puedo salir a buscarlo luego, al rato, cuando escampe un poco.-ella también me sonrió, pero de forma dulce y atenta.
-No, necesito salir ahora.-abrí la puerta y noté como las primeras gotas golpearon mi rostro.
-¡Atsushi!.-gritó y yo ya estaba fuera, cerrando la puerta prácticamente de un portazo.
Nada más notar mi cuerpo empapado alcé los brazos en señal de victoria, grité complacido con la sensación y salí corriendo hacia el centro de la ciudad. No usaría el coche, tampoco estaba tan lejos, y sin duda alejarme del barrio me haría bien. En el centro estaban algunos amigos, seguramente haciendo la misma locura y divagando si ya tenían edad o no para hacer actos tan infantiles.
Mi gabardina negra pesaba, rozaba prácticamente el suelo, aunque seguía abrigando. Estaba calado, sentía incluso la ropa interior húmeda, sin embargo era la sensación más agradable que podía sentir tras un verano de intenso calor y un otoño bastante suave. Frío, lluvia, tabaco y caminar. Me haría bien para pensar, además si quería entrar en calor sólo tenía que comprar sake que alta graduación y dar un buen trago.
Pensando, en uno u otro nuevo poema, canciones que aparecían como flash en mi cabeza y melodías que podían funcionar, llegué al centro. Me encontré con moles gigantescas que se alzaban hasta el infinito; calles desiertas y animales callejeros que buscaban refugio bajo la esquina de algún edificio; luminosos, que llamaban la atención de cualquiera, apagados y comerciantes malhumorados por las pocas ventas del día. Porque sólo a un loco se le ocurriría salir de casa y más con la ciudad a oscuras. Se había ido la luz desde hacía ya un buen rato, aunque como no suelo ver la televisión no lo había notado.
-¡A-cchan!-una voz familiar me sacó de mis pensamientos cuando por enésima vez intentaba prender un cigarro.-¡A-cchan!-el chapoteo del agua me indicó que venía de mi izquierda y al girarme lo vi.
Si yo parecía un adolescente no sé que era él. Esos jeans ajustados y con cortes en algunas zonas, esas deportivas algo llamativas y ese jersey que se pegaba a su cuerpo como el corte del cabello. Reía, sin duda estaba cometiendo la misma locura que yo.
-¿¡Qué haces aquí!?-gritó parándose frente a mí.-Te hacía cómodo frente a una sopita que te haría tu linda esposa.-ese tono de juego hacía que notara a leguas que él pensaba como yo, ella y yo no éramos demasiado compatibles.
-No, salí.-dije y él se echó a reír a carcajadas.
-Eso es evidente ¿no crees?-preguntó colocándose con los brazos en jarras, sus manos estaban en las caderas y entonces me miró.-Estás así mejor que con esa rata muerta.-se refería a mi bigote y perilla.
-Maldigo a Imai, siempre colocando esos malditos motes.-él entonces colocó una mano sobre mi hombro y me miró alzando el rostro.
-No fue él.-respondió golpeando levemente el hombro.-Esta vez es sólo mío.
-¡Yukata!-grité enfurecido.
-No te enfurezcas, ya te lo quitaste.-sonrió de esa forma tan infantil que hizo que obviara mi molestia.-¿Has visto a hablado con Hide? Dice que tiene una idea para una nueva canción.-no sé porqué aparté mi mirada de él y sentí que ardían mis ojos.-¿Qué pasó?-preguntó algo confuso y yo aparté su mano de mi hombro.
-Nada.-respondí.-No he hablado con él.-me agarró del brazo, cuando comencé a caminar, e hizo que le mirara agarrándome del rostro.
-Desde hace algún tiempo estás como extraño conmigo y con él.-susurró preocupado.-¿Qué hicimos? ¿Qué Acchan?
-¡Nada!-grité enfurecido aunque no sabía porqué. Además, lo aparté y eché a caminar. Comencé a pensar que no fue tan buena idea salir a pasear, encontrarme de nuevo con la lluvia, todo porque él había aparecido o más bien el nombre de nuestro amigo había surgido de esa forma sin más.
-Atsushi.-susurró siguiéndome los pasos como hacía en los conciertos, en nuestros momentos de diversión.
-¡Que me dejes maldito exhibicionista!-grité girándome mientras lo observaba de forma acusadora.-¡Eres un maldito idiota! ¡Corre con tu Hide! ¡Corre! ¡Ve y exhíbete frente a él! ¡Frente a todos!-eso no le sentó bien porque noté una buena bofetada en mi cara.
No eran ya mis ojos los que ardían, sino mi mejilla izquierda. Me miraba furioso y no se arrepentía de haberlo hecho.
-¡Idiota! ¡Idiota de remate! ¡Adolescente puberto e infantil! ¡Gilipollas! ¡Todo eso eres! ¿¡Se puede saber porqué demonios te comportas de forma tan patética!?-comenzamos a ser el centro de atención de todos los comerciantes. Yo me sentí avergonzado por el espectáculo que estábamos regalando.
-Vete al diablo, U-ta.-dije antes de dar media vuelta y regresar a mi casa.
Mi mujer me recibió con una toalla y con los niños ya dormidos, los relámpagos cesaron y ellos se tranquilizaron. No era tan tarde, pero en la noche no habían podido dormir por la misma razón que durante toda la mañana los tuvo despiertos. Me saqué la ropa nada más entrar en el baño, ella había preparado la bañera para mi regreso y el agua estaba tibia. Todo era perfecto, demasiado perfecto. Una mujer entregada, cuidadosa y complaciente. Pero eso no era lo que yo quería, deseaba algo de emoción en mi vida. Ella lo había sido durante un tiempo, había sido como yo lo era aún. Sin embargo, tras casarnos se fue anclando en el aburrimiento y yo no quería caer en ello.
Día sin más
Me había levantado tarde, muy tarde. Mi mujer había salido con los niños haría horas, estaban en sus respectivos centros infantiles y ella había salido a trabajar. Hizo café, pude notar el aroma por toda la casa. Al levantarme fui hacia la cocina y me eché un poco en una taza, con algo de leche aunque lo tomo casi negro. No podía dejar de pensar en lo que le dije a mi amigo, era compañero de trabajo y de sueños por así decirlo. Nuestro grupo era una compañía destinada a crear sueños y sentimientos, eso es lo que es en realidad una banda de rock.
Mi teléfono móvil sonó, no miré el número de teléfono y tan sólo acepté la llamada. Estaba subido en la encimera con la taza de café en la mano, algo aturdido, así que fue normal que contestara sin saber quién era.
-¿Sí?-interrogué antes de dar un sorbo al café.
-Soy yo inútil.-era la voz de Imai.
-Gracias por el halago, te lo agradezco.-susurré adormilado y sin ganas de empezar una trifulca.
-Hace media hora que deberías estar en el estudio, espero que no tardes más de una hora en llegar.-no me dio tiempo a reclamar, ya había colgado y yo resoplé deseando estampar el teléfono.
Terminé el café y fui hacia la ducha, tras un buen afeitado y abrigarme salí de casa con la libreta de canciones en mi mano. Había conseguido hacer algunas nuevas, quizás Imai querría modificarlas o tal vez alguno más del grupo. La cosa era hacer canciones que a todos nos agradaran, no sólo a uno. Era algo de conjunto y como tal tendría que aceptar los comentarios del estúpido de Hide.
Al montar en el coche busqué una emisora, quería escuchar qué opinaban de nuestra última gira y también porqué no lo que sucedía con otras bandas. Siempre se tenía que estar informado, tanto de las noticias habituales en un periódico como las que únicamente les interesaría a los adolescentes. No tardé más de una hora en llegar, sin embargo ahí tenía a mi amigo con cara de perro fumándose un cigarro.
-Tardaste.-murmuró.-Siempre igual, más de veinte años y no se quita la costumbre.-dijo encogiéndose de hombros para apagar el cigarrillo con su pie.-Vamos dentro.
-Sí.-no iba a decir nada, era mi culpa.
Vi entonces por el cristal del estudio a Uta jugueteando entorno a Hide y su hermano como si nada golpeando la batería. Ese coqueteo que se llevaba me encabronaba y no sabía bien porqué. Quizás porque antes yo era su centro de atención y últimamente había sido desplazado. No lo entendía, más bien no quería entenderlo.
Al entrar donde estaban todos se hizo el silencio. Anii tan sólo me miró fijamente con cierto rechazo. Hide tan sólo saludó con la mano y Uta… ni eso. Él siguió haciendo el idiota a su alrededor. Yo no podía con todo aquello, no podía. Me estaba creando una ulcera esa situación.
El trabajo se volvió un desastre, todos teníamos ideas contrarias y no nos poníamos de acuerdo. Todo porque Imai deseaba modificar demasiado una de mis canciones, Uta no lo veía correcto e Hide tenía sus propios conceptos. No se trabajó demasiado, a decir verdad sólo llegamos al acuerdo de usar una y sin modificar tanto como quería el resto. Salí casi resoplando hacia el estacionamiento, quería ir a casa y dormir hasta el día siguiente. Me dolía la cabeza y no vi a Uta seguirme como de costumbre. Estaba en los escalones hablando con ese imbécil. Quería matarlo, matarlos a ambos.
Para colmo cuando llegué a mi vehículo me lo habían arañado. Me percaté entonces que era de esos días en los cual uno no debe de levantarse de la cama, sino quedarse hibernado hasta que todo pasara. Puse un cd de Bowie, pensé que el Duque Blanco me ayudaría. Era de esos cds que uno suele grabarse con pistas aleatorias, con las que más disfrutas. Sin embargo, las ganas de golpear algo no se fueron.
Mi mujer había llegado ya, los niños estaban en el salón y yo decidí encerrarme a dormir. Lo sentía por ella, pero necesitaba aclarar ideas y lo mejor era descansar lejos de todo y todos. Ella simplemente se sentó en los pies de la cama observándome, yo no estaba dormido aún sin embargo le hice creer que sí.